14.11.12

Trato de viento.



Por el origen de esas palabras hoy anónimas, pletóricas, inasibles, desairadas, dilapidadas al cielo, que tan hondo llevó y arrebató su disgusto y su depresión; decepción de andar, entre bosques y escombros en un cuerpo que decrece, que escala hormigueros yaciendo en sus vacíos, de su voz y sus mentiras, su tan lejos de espalda, de perfiles nunca vistos, de irreconocibles sentimientos; para la aprensión de un oído inocente, una boca malcriada y un mirar desahuciado.

Una imagen de palabras entre un origen y un pseudónimo, anónimo de tierra, de polvo y telarañas. Descobijado y hediondo, sin sonrisas ni razones, sin dichos y menos, objeciones, o algo que pueda callar a este insensato ruido de ramas que derrama lánguidos suspiros en todo lo que digo, en lo que recuerdo y vivo, sin sombra ni identidad.

Contemplando al suelo azul que se esconde entre mis parpados, tan calmoso y hastiado, tan dramático y sinsentido, entre ráfagas de luces, de cortinas desatadas, para un nada que se esmera, un sin-hablar que se apega y maleduca sin esfuerzo.

Un trato en un cuerpo de escalas inocentes, de andares pletóricos, de mentiras lejanas, de bocas de hormigueros, palabras de espaldas y vientos traicioneros.

21.10.12

La muchacha del rostro diferente.




Y un atardecer desolado, encubierta entre un manto de cenizas decaídas, de las que no nacerán sus partidas, de tan cansada y arrepentida, tan desollada y afligida.

Se dejaba estar y se hacía llevar en todo lo pérfido que podría ser, sabiendo que podía haber nacido igual y mismo ser distinta, ilustre, elaborada como una pieza de colección. Nunca siendo su existencia misma la razón de su rudeza, sino el reflejo de la ignorancia de los que la miran apabullados olvidando los desperfectos de este mundillo que acusa con dedos de fuego, siendo enemigos de hermanos, parricidas sin consuelo de saberes discrepantes y auxilios nunca vistos.

Sus cabellos escondían su noble figura, su dulzura sobre medida, su mirada sin presente, su color sin descendencia, su apariencia sensible, su distinguible preciosidad que no entendía a sus vecinos ni a sus más lejanos. Nunca haciendo parte de lo que llaman normal, de lo que obligan a ser, un espejo manchado, un arquetipo referente, indolente y pernicioso.

Su confidente soledad acariciaba anocheceres de llantos imperceptibles, su crepúsculo tonsurado, resultado de lo inhibido, del retroceso colectivo que rehuía en su cuerpo entre deseos disconformes, arrinconados, desamparados.

Un atardecer cansado, un arrepentimiento alejado, una razón escondida entre una vida sin contorno, una existencia sin presente, un rostro (in)diferente.

14.10.12

Por todos esos lunes que han de venir.



Y una decadencia imparable, por un día después, sin mañana y tantos espacios en este punto y aparte.

Me decido y te rectifico como una figura sin retrato, como un mantel sin suciedad, siendo vos algo obsceno y centenares  de inquietudes de las que no puedo hablar. ¿Por qué estás y te vas si sos mi bien común? O un desperdicio, algo superfluo, como un mal sin medida, un laberinto sin salida y todavía me pregunto ¿por qué no llegas?

Fuiste todo y ‘aquello’ un pasado en resaca, un querer que acentúa y nuestras dudas que vivirán por siempre un ayer. Te quiero despierta, te consigno entre abierta como una puerta para obtener un poco más de vos.

Por todos esos días que reclaman, que se intercalan asumiendo el papel de domingo, y por en cuanto sigo entero, siendo el sabor de este miedo y cualquier extensión irregular.

Habíamos hablado tanto coqueteando nuestras palabras, conjugando nuestro absolutismo, disimulando nuestro lenguaje eterno, corporal/incierto reviviendo en una exclamación. Necesito tu cuerpo y un largavista más cualquier cosa que nos una, una urna que intercale, un buzón de quejas, una materia fecal en poesía dispareja, una rima que oprima su razón (de ser).

Por todos estos encuentros espontáneos y esta falta de sentimiento, estos errores que nunca se corrigen, este mal que persigue y mi debilidad se desgasta, mi cabeza no trabaja y mi cuerpo pide un descanso.

7.10.12

Siempre que me redacto.



Te escucho entre mis voces, te atraigo en silencio, sin ser fiel a mi autoría, siempre que me enredo, me congelo; Porque soy el silencio que desentrañan las palabras de despedida.

Te adquiero y vuelvo a exponerme (como siempre) cuando me expreso y no digo lo que siento, cuando me siento y pienso que no le temo a la muerte, más bien es el miedo a estar vivo, de seguir, porque me excluyo continuamente, constantemente.

He de seguir siendo mi ilusión, la aclaración de mi egoísmo, el reproche de mi oportunismo, mi alusión personal; cuando fluyo sin ningún tipo de evolución, cuando me escabullo sin alguna aclaración, así te exclamo, te interrogo, te deletreo y nunca me nombro; siendo el sonido de mi infierno, la representación de mis argumentos y otras notas que vagan al divagar.

Mi megalomanía, mi soledad en efecto, mi egocentrismo expreso, mi dualismo conjugado, mi deísmo ignorado en las vanguardias que me notifican; ismos y rebeldías que propugnan mis anhelos; parodias que escasean, los indultos se pasean y mi ignorancia finge comprensión, cuando te escucho entre mis voces, siendo fiel a mi autonomía, desentrañando egoísmos, expresando mi enredo, cuadrado, dilatado, desaseado, desatinado.

30.9.12

La melena despeinada.


Como fluye la virtud que desenvenena al opaco instante,
la muerte titubeante destruye al entorno conmocional, detallado, tallado, cohibido.

Riendas flojas, desenvainadas entre alambres de cera, indigentes conciertos destructivos de anhelos pasados; como fluye el entorno del fiel andante, del peregrino a raíces cortas, mareante nostalgia constitucional.

Hubieran cerrado sus ojos, hubieran dormido durante el día  para así conocer la noche, para conocernos mejor, mejor que siempre, no como siempre.

Hubieras tenido más paciencia y no insumido esa vista gorda que nos enreda en un ‘para qué’ que nos delibera.

Como fluye la melena descontrolada, la consistencia del ‘no’ con la insistencia del ‘si’, sin ordenes que opriman, sin papeles que los describan. Así sin vientre de madre sin  testículos de padre esas viejas contribuciones retardadas  entorpecen dignidades, carecen de voluntad.

22.9.12

Un camino incesante por un miedo a no nacer.



Y volver a sentir la ilusión en una opresión de un pueblo esclavo, marginado que se alimenta de fe, siendo devoto de sus cumplimientos entre promesas de costumbres más un futuro que nunca aparece. Todo esto me avala al ser testigo de lo insensato, viviendo el compromiso de esta causa sin lucha, este silencio que repasa una historia que siempre obedeció a estas reglas de imperio, derroches de dictadura, sobras de una pseudo-democracia en la que gritan cien para que callen veinte mil. ¿Dónde estamos? ¿Para donde vamos? –nos preguntaba una lluvia inculpable con su viento ladrón que se llevó nuestras pocas pruebas de –más- una injusticia.

Desafiaran al clima (nos decían) tempestades y mareas fulminantes, rayos y luces de cielo y, cuando dimos frente nuestros héroes fueron los que huyeron. Todavía me pregunto ¿Por qué? ¿Dónde duermen nuestros ideales? Los mismos que ‘ellos’ nos habían enseñado (‘’aquí estoy, sacudiéndote como un huracán ’’) con un sonido de nubes, que devasta, aniquila, destruye, se muestra y revuelca ‘todo’, para ser del cielo y vivir en la tierra, marcar ‘presencia’ (algo que nunca fue).

Y pensar que el ‘tiempo’ vociferaba y espantaba a un escorpión asesino que deambulaba cerca, viendo que la verdadera sorpresa sería nuestras caras, nuestra expresión de nada, nuestras miradas atónitas y una impresión mojada que perdía su valor descomponiéndose de a poco.

Y todavía siento el sabor de ese recuerdo frío, como del niño sin el helado, pero ya ‘resfriado’, entre llantos sin padres, asedios cobardes, -ya- sin culpables, -ya- sin nadie. Solo nos queda el reproche, esa sed de ser ‘alguien’ de tener un lugar en el globo terrestre, de también hablar y que nos escuchen o que nos mimen pos golpe, que nos reúnan en las plazas pero –ya- sin guillotinas.

Y vuelvo a sentir este aire del camino y mi casa, de vivir algo que no fue respirando indignación, viendo sentencias de jueces, soluciones de cabezas y otro nada como resultado. Supongo que todos son inocentes, que ya tenían la pócima, la juventud eterna en sus manos y el veredicto de este apogeo entre sus dedos, el sueño y el despertar de estos pasos viejos más la esperanza incesante y un miedo a no –volver a- nacer.

9.9.12

Ella.


No habrá un silencio que describa o un lápiz que escriba y cuente de su voz, nuestra historia y esas dudas con las que acostumbre a lidiar.

Te llamé obscuridad y viví de tus secretos me hice de tus misterios y soñé eternidades, intensidades que este mar melancólico, tan profundo y discernido, ficticio y autoritario no puede explicar. No eras vos ni tu cuerpo, sino tu cabeza la que me hablaba, la que me envolvía y dejaba, tirado, expuesto, distraído y sin conocimientos. Completamente ajeno a mí mismo, a todo lo que había creído superar, y ahora me toca esperar a que esta lluvia me indague y escuche mis mentiras cuando niego conocerte.

No es que haya vivido otra historia o negado mi felicidad, es un miedo a tanta verdad descomunal y una mezcla de vergüenza/cobardía a la que espero algún día perdonar.

Y es que ella se compartía y desmedía limites, era como la regla de una excepción, una canción sin pentagrama, un improviso olvidado, una memoria sin camino, un querer desdeñado. Un pseudo-tiempo perdido y un andar en compas la resaltaba, siempre bailando, siempre indagando y frustrando cualquier cordura que se asomaba.

Porque pensar en el trastorno que había sufrido o en la vida a la que había temido, no era justo. Nada más era lo poco que podía imaginar, insertarme dudas y creer en mi hostilidad, saber que fui sus manos, sus muñecas y todo eso con lo que ella podía jugar.

Te llamé luz y me encendiste en tu hoguera.